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DEXDE POR LA PAZ



DEXDE CON SENTIDO DE PAZ


DIRECCIÓN DE INFORMACIÓN Y CULTURA. La mañana deL martes 14 de marzo, sirvió de marco para que la División de Extensión y Desarrollo Estudiantil junto con la Dirección de Orientación, iniciaran las actividades enmarcadas dentro del programa Dexde con sentido de Paz.


En la sede FHAE/FING se activó una toma simbólica por la Paz con la participación de estudiantes y profesores destacando el aporte positivo de la Directora de Desarrollo Estudiantil Profesora Claudia Matos , la Coordinadora de Alianzas Estratégicas Mayret Vargas y la Directora de Evaluación Institucional Profesora Beatriz Hernández .


Este discreto pero efectivo inicio de actividades, precede a una serie de acciones las cuales se estarán conduciendo de manera permanente en las diferentes sedes, en consolidación del sentir hacia una cultura de Paz, el cual es parte vital de nuestra gestión institucional y un compromiso voluntario de la DEXDE en favor de la comunidad universitaria.


Emocionado recuento del Decano Oslando Rivera


Educación para la paz es el proceso de adquisición de los valores y conocimientos, así como las actitudes, habilidades y comportamientos necesarios para conseguir la paz personal, entendida como vivir en armonías con uno mismo, los demás y el medio ambiente.


Se afirma incluso que, tradicionalmente, a la educación se le ha concebido de diferentes maneras, mismas que no responden adecuadamente, ni a la realidad global-nacional-local, ni al estado actual del conocimiento.
Diversos estudios se han hecho sobre el estado actual de los sistemas educativos; enuncio aquí, algunas de las críticas principales que se han hecho a la educación –formulados a modo de errores-:


El primero de ellos es el significado que se le da a la educación. De este significado se han formado dos familias, las que ponen el énfasis en el proceso de cambio y las que destacan el resultado final. Aquí se dice que la educación tiene que centrarse en la relación del sujeto con el mundo. Es decir, que la educación tiene que centrarse en el proceso final, mismo que tiene que ser brindar al individuo de las herramientas necesarias para que pueda incorporarse a la sociedad.


El segundo error consiste en entender como sinónimo cualquier acción de transmisión, adiestramiento, repetición o memorización de los conocimientos; pero esto no es educación en el sentido que se ha expuesto.


El tercer error consiste en perder de vista la intencionalidad educativa, que debe entenderse como un proceso riguroso de diseño y control de los resultados que se esperan obtener.


El cuarto error hace hincapié en tomar en cuenta el contexto en que se desarrolla la acción educativa, puesto que no sólo una correcta planeación asegura el éxito de una acción educativa.


El quinto error consiste en no entender que ninguna acción educativa se da en aislado, sino que pertenece a una red de acciones educativas.


Finalmente, el sexto error consiste en confundir lo que se desea obtener como resultados, con lo que realmente es posible obtener. Como la propia educación, se entiende que la educación para la paz es un derecho, punto que cada vez es más puesto de manifiesto por investigadores de las ciencias de la paz, como Betty Reardon y Douglas Roche.


La educación para la paz forma parte de la educación para los derechos humanos.

 

El compromiso de educar para la paz puede expresarse en las siguientes líneas: “Trabajar por un proceso educativo que signifique contribuir a alejar el peligro de la guerra, poner fin al expolio de las zonas empobrecidas del planeta, enseñar desde y para la no-violencia, aprender a considerar el conflicto como un vehículo de cambio si sabemos resolverlo sin recurrir a la violencia, integrar al alumnado en un proceso de transformación de la sociedad hacia la justicia…” La palabra “paz” a su vez, tienen distintos significados.

 

Un análisis lingüístico de su uso ha permitido diferenciar dos grandes concepciones, la negativa y la positiva, emparentadas con dos definiciones de la violencia, la directa y la estructural. La paz negativa pone el énfasis en la mera ausencia de guerra, de violencia directa. Presupone un aparato militar que garantice el orden, disuada al enemigo y asegure la perpetuación del statu quo. Si la paz consiste solo en eso, poco tendrían que hacer las personas que se dedican a la educación. La paz negativa puede entenderse como resignación, como huida o inexistencia de conflictos. La paz positiva, sin embargo, presupone un nivel reducido de violencia directa y un elevado nivel de justicia. Se persigue la armonía social, la justicia, la igualdad y, por tanto, el cambio radical en la sociedad, la eliminación de la violencia estructural.

 

El concepto de violencia estructural, introducido por Johan Galtung, alude a las formas de opresión y violencia generadas por las estructuras. La paz positiva acepta el conflicto como una parte natural de la vida y procura su pacífica solución. La paz, en síntesis, no es lo contrario de la guerra, sino la ausencia de de violencia estructural, la armonía del ser humano consigo mismo, con los demás y con la naturaleza.

 

La educación para la paz toma los siguientes rasgos:

 

• Presupone tomar partido en el proceso de socialización por valores que alienten el cambio social y personal.

 

• Cuestiona el propio acto educativo, alejándose de la concepción tradicional, bancaria según la expresión de Paulo Freire, de la enseñanza como algo meramente de transmisión. Entiende el acto educativo como un proceso activo-creativo en el que el alumnado es agente vivo de transformación.

 

• Lucha contra la violencia simbólica, estructural, presente en el marco escolar.

 

• Intenta que coincidan fines y medios. Se trata de llegar a contenidos distintos a través de medios distintos, haciendo del conflicto y del aprendizaje de su resolución no violenta punto central de su actuación.

 

• Combina ciertos conocimientos sustantivos con la creación de una nueva sensibilidad, de un sentimiento empático que favorecen comprensión y aceptación del otro.

 

• Presta tanto atención al curriculum explícito como al “curriculum oculto”, es decir, a la forma de organizar la vida en la escuela. Éste ha de ser coherente con los contenidos manifiestos. Como se sabe, el tener que enfrentarse día a día y durante una serie de años a las expectativas y rutinas institucionales de la escuela supone una enseñanza y un aprendizaje tácito de normas, valores, hábitos y disposiciones. La tolerancia, la participación, la empatía, la solidaridad y demás valores “alternativos” deben vivirse con el ejemplo.

 

• Se trata, en suma, de aprender a pensar y a actuar de otra manera, algo que supera la ausencia de guerra, que no plantea la paz como algo quimérico, sino como un proceso por el que se irá pasando de la desigualdad a la igualdad, de la injusticia a la justicia, de la indiferencia al compromiso.

 


 
 





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