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Comisión Universitaria de Virtudes Ciudadanas

PROFESORES DE FACES REALIZAN JORNADA SOBRE EXCELENCIA HUMANA


DIRECCIÓN DE INFORMACIÓN Y CULTURA. Cátedra Introducción a las Ciencias Sociales se convierte en escenario de acción permanente para afianzar virtudes ciudadanas. 

El Prof. Guillermo Verde hizo la presentación del ponente, Prof. Jesús Antonio Herrera, quien disertó sobre UJGH, los valores y las virtudes ciudadanas.

 


RECORDATORIO


En UJGH enseñamos a nuestros estudiantes, que las virtudes de prudencia, templanza, justicia, y fortaleza son las que fundamentan un liderazgo ético. En este sentido, es mucho el camino que hay que recorrer, tanto desde la investigación que se hace y se comparte siempre como en su aplicación práctica. Es indiscutible que el señalamiento implica toda una actitud ética y trabajar conductas es difícil, pues los seres humanos no son computadores para aceptar las ideas y cambiar de actitud trae consigo muchas implicaciones.

 

Si asociamos la ética a estos conceptos la dificultad es mucho mayor. Este es, sin duda, uno de los grandes retos planteados: cómo equilibrar la ética con la práctica. Es lo que el Presidente del Consejo Superior, Dr. Albes Calimán González, llama “el día a día de los valores”. Si queremos ser coherentes y consecuentes entre lo que pensamos y lo que hacemos y llevar a la práctica nuestros principios éticos para que estén presentes en nuestro quehacer universitario. Para ello, nos tenemos que enfrentar con cuatro conceptos fundamentales: liderazgo, dirección, ética y persona. Estos cuatro conceptos planteados por separado convergen en uno sólo: persona. La persona puede reunir en sí misma los otros tres. Por ello, el ideal al cual aspiramos sería encontrarnos, en la realidad, con directivos que ejercen un liderazgo basado en la ética.


La integridad es la característica primordial para un liderazgo eficaz. La dirección ética ha de estar centrada en la integridad. Los directivos deben ser personas que actúen desde la integridad y con integridad. Si, efectivamente, lo son, generarán confianza, lealtad, credibilidad entre sus subordinados. La integridad implica tres elementos muy importantes para una dirección que tiene en cuenta el entramado de comportamientos y acciones que se dan en una empresa: la confianza, la credibilidad y la ejemplaridad. Hemos compartido frecuentemente, en los últimos meses, una idea del Dr. Albes Calimán: “El directivo ha de ser consciente que con su manera de hacer transmite un ejemplo a los integrantes de su organización”. El directivo centrado en la integridad construye confianza y, por tanto, credibilidad. No ha de perder nunca de vista que tanto la confianza como la credibilidad son difíciles de conseguir, pero muy fáciles de perder. Es un hecho común en nuestra realidad.

 

 

 

La prudencia, primera de todas es la virtud profesional por excelencia. No se entiende un liderazgo ético sin ejercer la prudencia. La prudencia ha de regir nuestra conducta y, por tanto, ha de estar presente en todas nuestras actuaciones. Ser prudente es virtud fundamental del liderazgo ético. Junto a la prudencia, estaría la templanza. La templanza tiene que ver con el ánimo sereno, equilibrado en su justa medida para transmitir la serenidad en una empresa de que las cosas se están haciendo de la mejor forma posible. Virtud imprescindible para no perder la calma en los momentos difíciles, para saber mediar en asuntos delicados, para llevar adecuadamente una negociación.


Al lado, justo al lado de la templanza, está la fortaleza. La fortaleza es virtud de ánimo-animus, espíritu, principio vital – donde el líder se mantiene vivo donde los demás desfallecen. Y el líder ético tiene el carácter forjado tras la repetición de actos auténticos hábitos en la búsqueda del mayor bien posible, para la mayoría de las personas de su empresa. De ánimo bien dispuesto, centrado en principios arrastra, con su ejemplo, a quienes le rodean. De poco servirían las virtudes anteriores sin la justicia. Las personas de la empresa han de percibir, claramente, que el líder es justo en su manera de hacer. Si la justicia está presente en la dirección, gana credibilidad ante sus subordinados. Cuando la arbitrariedad, la prepotencia o la simple falta de criterios están presentes en la conducta del directivo, se pierde toda posibilidad de llevar a término un liderazgo ético.


El trabajo es el eje en torno al cual, gira la organización y el progreso de la humanidad y ofrece a cada persona la oportunidad de crecer, desarrollar todas sus capacidades congénitas, realizarse como individualidad y ser cada día, plenamente adulto, ahondando en los principales campos de la formación integral, material, intelectual, humana y espiritual. No sólo expresa la dignidad del individuo, sino que la aumenta, hace la vida humana, más humana. El que trabaja, asegura el futuro de aquellos que vendrán después.

 

Se puede y debe trabajar bien, aunque el resultado no sea bueno, ya sea por una equivocación involuntaria o por causas que no dependen de uno mismo. Hay que tratar de superar las contrariedades, en vez de rebelarse contra ellas. El trabajo debe estar bien realizado, a conciencia, con la mejor perfección humana posible, con sentido de responsabilidad, con amor y perseverancia, sin abandonos ni ligerezas, con empeño y constancia, con rigor, con calidad humana y poniendo todo el esfuerzo necesario. En el trabajo deben tenerse en cuenta, el buen cumplimiento de todas las obligaciones familiares, profesionales, religiosas y sociales, sacando provecho a los talentos que cada uno ha recibido.

 

El valor humano del trabajo, no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, sino hacerlas cada día mejor. Dios no acepta el trabajo mal hecho ni defectuoso, la sociedad tampoco. Para hacer bien el trabajo, hay que poner en práctica las virtudes y valores humanos, los cuales forman un entramado en el que los hilos, se refuerzan entre sí y se funden en uno solo. Los principales son: El optimismo, el orden, la alegría, la caridad, la constancia, la diligencia, la fortaleza, la humildad, la justicia, la laboriosidad, la lealtad, la magnanimidad, la mansedumbre, la perseverancia, la prudencia, la reciedumbre, la serenidad, la templanza y todas las demás virtudes relacionadas.

 

Sin la fe, la esperanza y la caridad, el esfuerzo humano no basta, para hacer bien el trabajo, porque su falta se manifiesta antes o después, en la quiebra de éstas: en injusticia, en odio, en ira, en envidia, pues el secreto para realizar cada día mejor el trabajo, es la atención a los detalles y a las cosas pequeñas, para poderles dar un remate de perfección.

 

Con el trabajo expresamos lo que sentimos, lo que anhelamos, podemos manifestar nuestras ideas, desarrollamos la creatividad y los conocimientos que tenemos y cada vez más nos convertimos en seres humanos importantes para la sociedad en la que vivimos.El trabajo es un medio que tiene la persona para alcanzar su desarrollo personal, el de su familia y el del conjunto social en el que vive. Es un derecho básico del ser humano, que le permite crecer con dignidad.

 

En UJGH el trabajo debe estar bien realizado, a conciencia, con la mejor perfección humana posible, con sentido de responsabilidad, con amor y perseverancia, sin abandonos ni ligerezas, con empeño y constancia, con rigor, con calidad humana y poniendo todo el esfuerzo necesario. Porque, además, somos ejemplo.


El buen trabajador es diligente y no se precipita. El que es laborioso aprovecha el tiempo, hace lo que debe y está en lo que hace, no por rutina, ni por ocupar las horas, sino como fruto de una reflexión atenta y ponderada.

Nunca se debe aplazar lo que cuesta hacer, ni dar prioridad a las cosas que gusten más o exijan menos esfuerzo.

 

No se debe dejar el trabajo para mañana, si se puede hacer hoy. No debe dejarse llevar por la falsa excusa de la comodidad, conformándose con lo que basta hacer, para salir del paso, dejándonos arrastrar por razonadas sinrazones, para estar mano sobre mano. La virtud y valor humano del trabajo, puede perderse si se descuida la atención al detalle o a las cosas que no le gustan al que lo hace, como la puntualidad al comenzar y terminar el trabajo. No basta querer hacerlo bien, sino que hay que saber hacerlo bien, ya que siempre requiere preparación, competencia, no sólo técnica, sino moral, humana y religiosa.

 

No basta la “buena voluntad” o la rectitud de intención, para ser un buen universitario, sino que se requiere, conocimientos mejorados continuamente y poseer y aprender a practicar, las virtudes y valores humanos para desarrollarlos con sinceridad veracidad, ecuanimidad y serenidad.

 

 

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